domingo 24 de mayo de 2009

MICHELANGELO ANTONIONI: LA SOLEDAD DEL POETA (Parte I)

Ningún otro director pareció ser tan tímido como Antonioni. La sociedad le defraudaba. Sus seguidores mirábamos atrás hacia un espacio vacío. Este gran director fallecido el mismo día que el enorme Bergman, fue tan retraído y vacilante, que llegó a realizar tan
solo dos películas en la década de los ochenta (Il misterio de Oberwald, 1980, Identificazione di una donna”, 1.982).



Antonioni dijo en cierta ocasión que su mayor defecto era la modestia, pero algunos podrían sentirse inclinados a no tomarle en serio y a pensar que de lo que podía acusársele era de oscuridad. Por ejemplo, la MGM. Tras el éxito de “Blow up” (1966), la Metro llamó a Antonioni a Estados Unidos, y le contrató para dirigir lo que se suponía iba a ser una película taquillera y de prestigio sobre el tema de la contracultura y las revueltas estudiantiles, llena de violencia y de sexo. En lugar de eso, Antonioni realizó un estudio sobre el espacio y el color, con la ira y la rebeldía juveniles disolviéndose sin más en los ocres y amarillos del Valle de la Muerte y en medio de una gigantesca explosión. Nadie entendió, en su día, lo que había querido decir ni con ese final ni con toda la película. Nadie comprendió que “Zabriskie Point” (1970) era una rapsodia.

Para Michelangelo Antonioni, el final de esta película, por lo demás fallida, era una declaración de principios sobre el eclipse del amor y de los “valores humanos”. Había hecho la película que quería, a pesar de sus dificultades para captar el idioma hablado en USA y para adaptarse a sus métodos de rodaje. “Zabriskie point” es un país y un paisaje destrozado por construcciones llamativas y extravagantes y por ambiciosos planes de desarrollo. No obstante, mediante un acto de voluntad cinematográfica, recupera al final su dura y enigmática pureza con la destrucción a cámara lenta de todos los ingredientes de lo que podría ser el sueño o más bien la pesadilla de un profesional de la publicidad. La desintegración de los objetos adquiere una calidad de angustia lirica en la que música de Pink Floyd aminora el dolor. Fue el punto de inflexión en la carrera hermosa y desigual del cineasta de Ferrara. Más lo fue en la dialéctica de la negatividad.

Espacios desiertos

La obra de Antonioni ya había experimentado – esta vez positivamente – una drástica alteración en los sesenta. En su peculiar Italia, tan alejada del neorrealismo como de Visconti o Fellini, había realizado toda una serie de películas - las que le hicieron inmortal – llenas de angustia psicológica sobre temas tales como la incomunicación, la imposibilidad de las relaciones amorosas y el miedo al fracaso. Luego salió de su país natal y empezó a viajar: a Inglaterra, a Estados Unidos, a China y a los diversos países en los que transcurre la existencialista “El reportero” (Professione reporter, 1975), entre ellos España (buena parte de la película se rodó en Barcelona y Almería).


Pero el cambio fue menos espectacular de lo que parecía. Sus películas han sido siempre sobre las lagunas que separan a la gente y sobre las relaciones entre el exterior y el interior. “Blow up” ofrecía una curiosa visión de lo que se dio en llamar el swinging London, pero en realidad giraba en torno a la forma en la que un fotógrafo profesional creía descubrir la verdad de un misterioso suceso ocurrido en un parque (cfr: “Las babas del diablo” de Julio Cortazar). De forma similar , “El reportero” es sobre la posibilidad de entrar y salir de los edificios, y, prácticamente, toda su acción puede expresarse en esos términos. Las divagaciones de tiempo y lugar se van desvaneciendo según la película avanza hacia ese sublime final en el que la cámara sale de una habitación llena de mortales presagios, vaga por un gran patio y vuelve al mismo lugar del que salió, como un espiritu que ha abandonado y regresa a su tumba. En el cine de Antonioni las instituciones sociales son consideradas como prisiones. Este singular y revolucionario director fue siempre un poeta de lo incognoscible, nunca un intelectual. Por ello ha ejercido tanta influencia en cineastas orientales hoy tan aclamados, y tan discutibles, como Jian Zhangke, Tsai Min Liang o Apitchatpong Weerasethakhul . La cámara de Antonioni ha enseñado su propia reverencia por la desolación.

Sus personajes son soñadores, atrapados entre la búsqueda de la satisfacción y un inevitable declive, y algunas veces incapaces de mirarse unos a otros por el dolor que provoca el hecho de de ver y ser visto. A comienzos de los sesenta se le encasilló como el poeta del pesimismo y la incomunicación encarnados en el estilo nervioso y , a la vez, contenidamente romántico, de interpretar de la maravillosa Monica Vitti. Pero eso equivale a ignorar el verdadero significado del cine de Antonioni y la forma en que su inicial distanciamiento llegó a convertirse en algo parecido a una especie de exaltación mística. Ningún otro cineasta ha sabido infundir a lugares aparentemente vulgares tantas dosis de romanticismo y misterio, convirtiendo a sus personajes en casi peregrinos a punto de traspasar algún umbral metafísico. (Continuara...)

Por Luis Betrán Colás

¿De qué planeta vienes, tío?

La ola de remakes ha alcanzado a un clásico de los cincuenta que cumplió su objetivo: adoctrinar y entretener sin necesidad de presupuestos desorbitados ni ínfulas narrativas. Más de medio siglo después de que el gran Robert Wise correspondiera a su justificada fama de cineasta multigenérico con una de sus contribuciones a la ciencia-ficción, la factoría hollywoodense saca a la luz lo que viene a ser una actualización de la misma, aunque sin tener en cuenta la modestia y cordura argumental presentes en la obra primigenia.

Toca “Ultimátum a la tierra” como bien podría haber sido una parecida que todavía quedase por contaminar. Le llegó el turno a ésta y no a otra por la sencilla razón -presentada por el patán que la protagonizó como ejemplo de lucidez mental- de un aire dado a determinado preboste de multinacional en el momento de acceder a una sala cuya pared incluía un cartel del film realizado alrededor de medio siglo antes. Clarividencia la del señor en cuestión, a lo mejor; sentido de lo necesario para llevar a cabo dicha empresa con un mínimo de dignidad, nunca.

Hace tiempo que el cine se halla en manos de majaderos con semejantes iluminaciones que han heredado cierto caudal de bienes relacionados con la producción, distribución o exhibición de películas y gracias a ellos, millonarios todos de cualquier forma, el séptimo arte es ahora lo que es. Esperemos que sus traseros orondos nunca escondan la putrefacción de unas almas condenadas a la hoguera por eliminar la fábrica de lo que un día fueron sueños.

Aburrimiento es la palabra que define la sensación provocada por una trama nunca participativa de sorpresas ni sensaciones lógicas en una aventura imperiosamente necesitada de tensión. Incredulidad es el término afín al desarrollo de una sarta de situaciones en las que lo más obvio impide cualquier pensamiento del espectador respecto a lo aún por contar.

“Ultimátum a la tierra” era un alegato contra la carrera del armamento nuclear con excelente atmósfera del mejor cine negro que en la coyuntura hoy en día puesta en pantalla sólo ofrece irritantes fórmulas de adocenamiento, de vulgar método para dibujar un relato protagonizado por extraterrestres donde ni siquiera el artificio visual, sostén fílmico en el siglo XXI, encuentra una forma para eludir la simpleza.

Scott Derrickson, en su día colocado en la lista a través de la cual los productores disponen futuros proyectos merced a “El exorcismo de Emily Rose”, firma esta versión modernista cuyo prosaísmo domina una imposible narración, anodino prólogo incluido, extenuada desde su inicio en el intento por moralizar a la raza humana a lo largo y ancho de su triste deambular por inhóspitos parajes medioambientales.

La línea a seguir por este subproducto subido a carreras al tren de lo que en nuestros días puede ser proclive a venta posee, sólo en fases a conveniencia del cine demandante en la USA moderna, mensajes de unidad familiar pese al desastre de la misma; actuación rápida y fundamental de las fuerzas armadas estadounidenses aun en climas de inferioridad manifiesta; prestancia y saber estar de un gobierno que tiene en la figura del Presidente al Dios mismo resucitado y puede acabar con un problema ‘ipso facto’ si el mismo no proviene del espacio; sabiduría en el ciudadano de a pie, científico a poder ser, que a fin de cuentas hace grande al país y, por supuesto, al planeta, y, por encima de todas las conclusiones, un Keanu Reeves y un hijo de Will Smith que debieran soportarles sus respectivos y no los partícipes de su sustento.

Valga el maniquí representado una y otra vez por la estatua de “Matrix”, en su orgullo quede alimentar su estómago y el de los que pululen cerca del suyo con tamaña contribución a la parálisis interpretativa, pero aguantar al chavalito del protagonista de “Independence Day” por la sencilla razón de no tener dónde dejarle sus padres resulta lo más insufrible visto en los últimos años. ¿No hay guarderías en Estados Unidos? ¿Quién dijo que el infanticidio, en ocasiones como ésta, no estaba justificado?

Este ultimátum no se lo plantean a la Tierra, sino al espectador.

Por Gerardo Iglesias

Michael Haneke volvió a arrasar en Cannes

'Das weisse Band', ambientada en un pueblo protestante del norte de Alemania durante los meses previos a la Primera Guerra Mundial, le dio al director Michael Haneke el gran premio del festival.



'Un prophete', la intensa película del director Jacques Audiard, se hizo con el segundo premio en importancia por el retrato de un joven emigrante en una cárcel francesa.
El galardón a la mejor actriz recayó en la actriz francesa Charlotte Gainsbourg, por su interpretación en la película más polémica de la 62 edición de Cannes, 'Anticristo', de Lars von Trier.
Por su parte, el austríaco Christoph Waltz consiguió el premio a la mejor interpretación masculina por su papel en la única película estadounidense del concurso, 'Inglorious Basterds', de Quentin Tarantino.
El galardón al mejor director fue para el filipino Brillante Mendoza por 'Kinatay' y el destinados al mejor guión para Feng Mei por 'Spring Fever', del realizador chino Lou Ye.
El premio del jurado lo compartieron la película 'Fish Tank', de la británica Andrea Arnold, y 'Thirst', del coreano Park Chan-wook.
Finalmente, el premio especial a toda la trayectoria fue para el cineasta francés Alain Resnais, que hace cincuenta años estrenó en Cannes 'Hiroshima mon amour' y que este año presentó en concurso 'Les herbes folles'.
Premiados en Cannes
Palma de oro a la mejor película: 'Das weisse Band', dirigida por Michael Haneke (Austria)
Gran Premio del Jurado: 'Un prophete', dirigido por Jacques Audiard (Francia)
Premio a la mejor dirección: Brillante Mendoza (Filipinas), director del filme 'Kinatay'
Palma de Oro al mejor guión: Feng Mei, autor del guión de 'Spring Fever' (China)
Premio a la mejor actriz: Charlotte Gainsbourg (Francia), por su papel en 'Antichrist', dirigida por Lars von Trier (Dinamarca).
Premio al mejor actor: Cristoph Waltz (Austria), por su papel en 'Inglourious Basterds', dirigida por Quentin Tarantino (Estados Unidos).
Premio del jurado (ex aequo): 'Fish tank', dirigido por Andrea Arnold (Reino Unido), y 'Bak-jwi' (Thirst), dirigido por Park Chan-Wook (Corea del Sur)
Premio Especial del Festival de Cannes: Alain Resnais (Francia)
Palma de Oro al mejor cortometraje: 'Arena', dirigido por Joao Salaviza (Portugal)
Mención especial (cortometraje): 'The six dollar fifty man' (Nueva Zelanda), dirigido por Mark Albiston y Louis Sutherland

miércoles 22 de abril de 2009

Volvamos Juntos


Después de una etapa de reflexión y espiritualidad (lo que menos), queremos retomar el testigo de Cinefrenia, através de una nueva visión de lo que más nos interesa y apasiona, EL CINE. Pero para ello necesitamos de vuestra ayuda y, sobre todo, de vuestra pasión. Por ello os instamos a escribirnos y enviarnos todos vuestros artículos, criticas, reportajes o inquietudes sobre el séptimo arte. Os prometemos que todas serán publicadas y que vuestra ayuda será primordial en esta nueva etapa de Cinefrenia.

Todos los que queráis participar podéis enviar un email a :

cinefrenia@hotmail.com


Os contestaremos en el menos tiempo posible. Gracias y que la colaboración sea fructífera.

sábado 20 de septiembre de 2008

Zohan: Licencia para peinar


Zohan: Licencia para Peinar trata de un agente secreto israelí, interpretado por Adam Sandler, que está cansado de tanta misión y guerra, por lo que decide fingir su propia muerte y cumplir su verdadero sueño: irse a Nueva York para ser peluquero esperando no ser descubierto por sus enemigos.
Se puede pensar que una película de este tipo, a las que desgraciadamente nos tiene acostumbrados su protagonista, tampoco es de las que genera muchas expectativas o que destaque por su complejidad. Estoy de acuerdo, sin embargo el guión está firmado por, entre otros, Judd Apatow, que lleva varios años demostrando que sus comedias son garantía de calidad. Lio Embarazoso o Supersalidos son algunos de los ejemplos que mejor ilustran este argumento, donde no sólo se busca (y se consigue) hacer reír al espectador, sino hacerlo mediante una historia con trasfondo moral que nos hace reflexionar.
En el caso de Zohan no podemos decir, al menos, que no haya momentos cómicos (los primeros trabajos que realiza el protagonista en la peluquería a las ancianas son memorables), pero tampoco son gags que proliferen demasiado. Se da más bien un humor plano, sin sentimiento, demasiadas veces reutilizado y que ya no produce las cosquillas originales en el espectador: por estos motivos nos encontramos con una película con muchos altibajos (más bajos que altos) que no consigue mantener el nivel de las mejores escenas ni el interés del receptor.
Esto nos produce la sensación de haber visto la cinta sólo con visualizar los primeros minutos. Se puede clasificar dentro de ese grupo de películas cómicas donde los chistes se basan en lo políticamente incorrecto, en la ambigüedad sexual y en las alusiones denigrantes a las minorías. Esto no quiere decir que todas las películas que cuenten con estos gags para conseguir la risa del espectador sean malas: ponemos enumerar algunos ejemplos, como South Park, que utilizan estos recursos y consiguen una historia coherente y cuanto menos decente.
Zohan no es nada de eso. Parece buscar la risa por la risa, escudándose en que si no nos muestran chistes continuamente, aunque sean malos, la calidad de la cinta decaerá. De lo que no se dan cuenta es que es precisamente eso lo que la convierte en una mala película o, al menos, no a la altura de otros grandes ejemplos de la comedia.

jueves 18 de septiembre de 2008

Spiderman 4 y 5


Sabíamos que algún día llegaría esta noticia. Después del éxito de taquilla que obtuvieron las 3 partes de Spiderman, Sony ha puesto a trabajar la maquinaria para crear, lamentablemente, otras dos películas basadas en el hombre araña.
Por ahora se ha confirmado que repetirá Sam Raimi detrás de las cámaras. El protagonista volverá a ser interpretado por el insulso Tobey Maguire, y es que es muy difícil rechazar los 50 millones de dólares que cobrará el actor por las dos cintas, como también una jornada laboral flexible que no le haga madrugar y con tardes de descanso. Un chollazo vamos.
Sony, que en esto de los negocios sabe muy bien cómo trabajar, rodará las dos películas simultáneamente para ahorrar costes y conseguir que los beneficios sean mayores.
Por ahora no se han anunciado las posibles fechas de estreno, pero estoy seguro de que cuando lo hagan nos enteraremos sobradamente.

viernes 12 de septiembre de 2008

Los Girasoles Ciegos


Pese a que el guión está firmado por el recientemente desaparecido Rafael Azcona, a quien va dedicada la cinta, podíamos decir que ha sido uno de los peores trabajos de su carrera. Ambientada en la España de la posguerra, narra la historia de una familia republicana que se oculta de la cacería franquista aparentando su afinidad al nuevo gobierno. El problema está en que el padre de familia, Javier Cámara, es uno de los republicanos más buscados por el régimen, por lo que su mujer, Maribel Verdú, debe ocultarle ante las continuas acometidas de la policía por encontrarle, y especialmente al diácono interpretado por Raúl Arévalo.
Hasta aquí parece que la historia tiene cierta coherencia, e incluso si se hubiera tratado correctamente podíamos encontrarnos con una cinta más que digna; eso si, siempre que no se caigan en los más que repetidos estereotipos de las historias ambientadas en la posguerra. El problema aparece cuando entran en escena otros elementos que buscan complementar el argumento principal para hacerlo más complejo y para conseguir una historia más madura. Sin embargo estos hilos secundarios lo único que producen es confusión y la sensación de que lo que se cuenta no tiene nada que ver, o por lo menos no aporta nada, a la vida del matrimonio republicano.
Si la historia de por sí no consigue atrapar al espectador por los numerosos hilos argumentales que no conducen a ningún lado o que no se cierran correctamente, los actores tampoco ponen mucho de su parte. Maribel Verdú ya nos ha (mal)acostumbrado a unas grandísimas interpretaciones y es una garantía de saber hacer. Junto con Cámara, son los únicos que se toman en serio su trabajo e intentan sacar la historia adelante.
En cuanto a los demás, no les ayudan mucho. Raúl Arévalo, tras ver El Camino de los Ingleses y AzulOscuroCasiNegro, parecía un actor bastante respetable (aunque también hay que decir que en las películas citadas sus personajes eran muy similares), sin embargo en la que nos ocupa no transmite nada con su personaje de diácono utilizado por la Iglesia para su propio beneficio. Su doble moralidad, sus recuerdos de la guerra, se quedan en nada en unos gestos estereotipados y frases inexpresivas que no ayudan al conjunto en absoluto.
El resto del reparto es más de lo mismo, haciendo hincapié en Martín Rivas que parece no haber salido de la pantalla pequeña.
Poco más que el dúo protagonista se puede salvar de la película, por no decir nada más. La historia tiene un comienzo prometedor, que invita al espectador a seguir la historia y a interesarse por los personajes que la ocupan. Pero poco a poco se van añadiendo otros elementos secundarios, absolutamente prescindibles, que la empañan y la convierten en una producción muy alejada de lo que podría haber conseguido.
Me pregunto qué habría sido de ella si Cámara y Verdú no hubieran interpretado al matrimonio protagonista. Mejor no saberlo.